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miércoles, 1 de abril de 2009

BIOGRAFIA DEL HIJO DE JOSE MARTI

Conocer cada vez más sobre figuras relevantes que han hecho historia, nos acerca, indudablemente, a su imagen y principios, en otras palabras, se acorta la distancia hasta ellos.

Se conoce de la incalculable valía de la obra martiana en sus más disímiles vertientes, obra que cobró alas y ha trascendido en el tiempo de un lugar a otro del universo. Sin embargo, se revelan a cada paso aspectos interesantes acerca del Maestro, y que, para muchos, aún resultan del todo desconocidos.

Un aspecto de índole personal y familiar de la vida de José Martí lo constituye lo relacionado con los azares que colmaron la existencia de José Francisco Martí y Zayas Bazán, su hijo.

Aún inmerso Martí en intensas labores por lograr la independencia de Cuba, no desaprovechó momento alguno para después de nacido su hijo, dedicarle con el pensamiento y con la pluma, sus más humildes y profundos sentimientos.


Formando parte de su epistolario están hermosas muestras de infinito amor paternal, al mismo tiempo, de desesperación por la ausencia del pequeño y el futuro que este pudiera correr. Ejemplos palpables de esta situación aparece en las cartas a su esposa, la señora Zayas Bazán, con fechas de 1879 y 1881, la primera dirigida desde la Jefatura de la Policía un día después de ser preso, y la segunda, antes de unirse con ella en New York.

Lejos estamos de imaginar con certeza el lugar que ocupó en Martí la presencia de su hijo, pero si alguna huella llegó hasta nuestros días, sin lugar a otra alternativa, lo constituye la colección Ismaelillo, poemario que envuelto en velo de ternura, recoge el inmenso regocijo que produce en el padre la tenencia de su infante, la mayor de las veces ausente, como es conocido.

La preocupación y curiosidad de no pocos de cubanos por conocer algo más acerca de la simiente martiana ha estado latente siempre, de allí el interés de pretender dar luz a interesantes historias escondidas en documentos celosamente guardados en la propia ciudad de Camagüey.

Cuentan estos documentos que José Francisco Martí y Zayas Bazán pasó en nuestra ciudad algunos de sus primeros años e inició sus estudios en el prestigioso Colegio Escolapio San Calasancio, edificación que se conserva, situada en la calle Luaces No. 2, y que hoy la comparten la Escuela Provincial de Deportes (ESPA) y la Clínica Estomatológica Cerro Pelado.

Según relató el señor Armando Cortina de Varona, Secretario del Obispado de Camagüey, quien fuera, además, alumno de dicho colegio, que este recinto era solo para la instrucción de varones, y que en su interior se respiraba el aroma de numerosas plantas ornamentales. Cuenta también que las personalidades que impartían docencia, se caracterizaban por su rectitud y exigencia en grado elevado.

Allí en pleno corazón de la Ciudad de Puerto Príncipe, radicó el Instituto de Segunda Enseñanza, y con expediente No. 1201 del año 1889, matriculó José Francisco Martí luego de realizar exámenes de ingreso y obtener calificación de Aprobado. Firma el Acta de matrícula el 30 de setiembre de 1889, como Director del Instituto, el señor Betancur* Ronquillo, y como Presidente del Tribunal, el señor Agustín Betancur*. (* Fiel al original).

Realizó el joven todos los ejercicios de Bachiller y obtuvo finalmente la nota de Sobresaliente. Habiendo obtenido nota de Sobresaliente en la asignatura de Francés, el propio Director del Instituto solicita que José Francisco se presente a hacer Examen de Oposición al Premio de dicha asignatura.

Luego matricula en la Universidad de La Habana la carrera de Derecho, mas Cuba, al borde nuevamente de la insurrección, provoca que se interrumpan sus estudios dada la decisión de su familia de abandonar el país; esta, la familia Zayas Bazán, relumbrón de la burguesía criolla del Camagüey del siglo XIX. Parte hacia los Estados Unidos, apartándose el joven de un numeroso grupo de amigos que no vacilaron en sumarse a la lucha.

Enterado más tarde de la muerte de su padre, abandona la Universidad de Tray, lugar donde había continuado estudios. Se separa de su familia y solicita un puesto en cualquiera de las expediciones con destino a Cuba. Esta decisión determinó para siempre el curso de su vida.

Nuevamente en Cuba, en marzo de 1897 pasa a formar parte enseguida de las fuerzas del Mayor General Calixto García, ocupando el cargo de Artillero, la más humilde de las armas cubanas, y que en su mayoría estaban integradas por negros y ex esclavos. Más adelante le fue otorgado el cargo de Capitán y se desempeña en el Cuartel General del Departamento Oriental, donde se negó en repetidas ocasiones a recibir cualquier privilegio que pudiera apartarlo de la contienda.

Cuando termina la guerra, tanto intervencionistas como politiqueros se alejan de él, y por falta de dinero no puede continuar estudios de Derecho en la Universidad de la Habana, lo que le hace aceptar un cargo como empleado público en la Aduana.

Se convierte en un fiel amigo de Gonzalo de Quesada, amistad que, como se conoce, también lo fuera de su padre, y este en enérgica protesta ante el Gobierno, pide reincorporar a José Francisco al ejército. Lograda la petición, es el oficial que ordena la tropa en el cambio de banderas ante la Capitanía general, el 20 de mayo de 1902.

El gobierno de José Miguel Gómez se instaura en el período de 1909 a 1914, y el hijo de Martí fue ascendido, primero a Comandante, y después a Coronel, Jefe del Estado mayor. En otras etapas de la República se desempeñó en la Secretaría de Guerra, y finalmente, con el grado de General se retiró de las Fuerzas Armadas.

Manifestó su inconformidad a la tiranía machadista (1926- 1933), lanzando a la publicidad un llamado al pueblo cubano en su “Manifiesto a Cuba “. No pudiendo encontrar solución ante la opresión desatada, pasó a formar parte, con el cargo de Vicepresidente del ABC, una asociación política de carácter secreto y celular que empleó la lucha clandestina con el interés de desencadenar la insurrección popular. Este movimiento, una vez derrocado Machado, tomó lamentablemente otra orientación política, se convirtió en un partido político de gángsteres, lo que motivó que José Francisco, totalmente decepcionado, se alejara definitivamente del escenario público.

Se conoció de su matrimonio con María Teresa Bances y Fernández Criado, quien se convirtió en su fiel compañera y seguidora de los ideales martianos, fue una luchadora ferviente por la liberación de su Patria.

José Francisco Martí y Zayas Bazán murió en La Habana, el 22 de octubre de 1945, a la edad de 67 años.

viernes, 13 de febrero de 2009

¿Quien era Félix Varela?

"DESENGAÑÉMONOS: Constitución, Libertad, Igualdad, son sinónimos y a estos términos repugnan los de esclavitud y desigualdad de derechos".
"Vemos llegar el momento en que las cosas deben variarse y que lo más prudente sería preparar al pueblo para un cambio político inevitable; pero decir esto es un crimen."
"Los hombres de América nacen con el amor a la independencia... han tenido sus desavenencias sobre el modo de ser libres, pero en un momento de descuido, abren el pecho y se lee: INDEPENDENCIA".
Félix Varela

Muchas personas oyeron por primera vez el nombre de Félix Varela durante la visita del Papa Juan Pablo a Cuba en 1998, cuando el Pontífice, en solemne acto oficial en la Universidad de La Habana, le rindió homenaje. Posteriormente, el nombre de Varela ha sido propuesto para el proceso de beatificación en la Iglesia Católica. Esto daría a pensar que Félix Varela era un religioso, lo que es cierto. Sin embargo, era eso y mucho más. No se exagera al decir que Varela es el padre de la identidad cubana, y uno de los creadores del ideal de independencia para Cuba y Puerto Rico. El Padre Varela es reconocido, dentro y fuera de Cuba, como el primero que pensó y luchó por la independencia de la nación y se le considera, además, como el inspirador directo de José Martí.

Félix Varela y Morales nació el 20 de Noviembre de 1788 en la casa de sus padres en la calle Obispo, entre Villegas y Aguacate en la Ciudad de la Habana. Sus padres fueron Don Francisco Varela, español, teniente de infantería quien se casó con Doña Josefa Morales, santiaguera y ama de casa. Félix era el tercer hijo y sus dos hermanas se llamaban María de Jesús y Cristina.

A la temprana edad de tres años muere la madre de Varela y el niño huérfano, con sus dos hermanas, queda al cuidado de su abuelo Don Bartolomé, quien pronto fue trasladado por sus trabajos como militar a San Agustín de la Florida, a donde se lleva a Félix, que apenas sabía hablar. Félix inicia sus estudios primarios con el Padre O´Reilly, que le enseña latín, gramática y violín. Cuando llegó el momento de empezar sus estudios secundarios, Félix regresa a La Habana. Su padre había muerto y el abuelo soñaba con hacer de él un valiente y honrado militar, según la tradición familiar. Cuando tenía 14 años su abuelo le propuso empezar la carrera de cadete en una escuela militar, pero Varela pide entrar a un seminario para hacerse sacerdote.

Félix Varela comienza sus estudios para sacerdote en el Seminario "San Carlos" de La Habana. Varela estudia, a la vez, en la Universidad de La Habana, y es tan decidido y audaz su empeño que a los 19 años comienza a heredar las cátedras de sus propios profesores. A los 23 años, el 21 de diciembre de 181, recibe la ordenación sacerdotal en la Catedral de La Habana.

Con 24 años de edad el Padre Varela es nombrado por el Obispo Espada profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario. Allí prepara el primer laboratorio de Física y Química que tiene el país: cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para la enseñanza de las ciencias mediante la experimentación. El P. Varela enseña con los métodos pedagógicos más adelantados. Pese a que, según testimonio de José de la Luz y Caballero, dominaba el latín como su propia lengua, renovó la enseñanza de la época utilizando el español en sus clases y libros, en los que abandonó el escolasticismo imperante por la filosofía ecléctica e introdujo la experimentación en el estudio de las ciencias. Da mucha importancia a que sus alumnos aprendan a razonar con sus propias cabezas; lo importante es que aprendan a pensar y a decidir por sí mismos. Por eso, el destacado maestro José de la Luz y Caballero, discípulo de Varela, dijo: "Mientras se piense en Cuba, se pensará con respeto y veneración en el primero que nos enseñó a pensar".

El P. Varela formó en las aulas del Seminario San Carlos a los mejores hombres de su época. Los frutos de su labor como maestro se muestran en aquellos patriotas como: José A. Saco, Domingo del Monte, literato y protector de escritores y artistas, y José de la Luz y Caballero. Heredero de las enseñanzas de estos hombres y a su vez alumno del Seminario fue también Rafael María de Mendive, el maestro de Martí. Varela abrió, el primero, el camino de la educación para todos cuando dijo: "La necesidad de instruir a un pueblo es como la de darle de comer, que no admite demora..." . "Quién puede negar que es más ilustrado un pueblo en que todos saben leer y escribir".

En el tiempo en que el Padre Varela fue profesor en el Seminario realizó otras actividades para el fomento de la cultura de nuestro país: fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, ingresó y trabajó en la Sociedad Patriótica de Amigos del País, escribe obras de teatro que se presentan en escenarios habaneros y escribe libros de textos para estudiantes de Filosofía. En 1817 es admitido como socio de número en la Real Sociedad Económica, que más tarde le confirió el título de Socio de Mérito. Por estos años aparecieron sus discursos en Diario del Gobierno, El Observador Habanero y Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana.

Cuando en 1820, a raíz del establecimiento en España de la constitución de 1812, fue agregada la cátedra de Constitución al Seminario de San Carlos, la obtuvo por oposición. A los 32 años, el 18 de Enero de 1821, el Padre Varela inaugura en el Seminario de San Carlos, lo que resultó ser la primera Cátedra de Derecho de América Latina. Los jóvenes de La Habana se apiñan en las puertas y ventanas donde Varela imparte las clases. Allí se enseña por primera vez en estas tierras la legalidad, la responsabilidad civil y el freno del poder absoluto. Allí se cultiva la semilla de liberación y dignidad humana que el P. Las Casas había sembrado siglos atrás. El mismo Varela llama a estas clases "la Cátedra de la Libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad". Aunque solo pudo ejercerla por tres meses, su contribución al desarrollo del derecho constitucional y su defensa de los derechos humanos frente al despotismo regio y la tiranía estatal tuvo una gran repercusión en la conciencia de la naciente nación cubana. En verdad, aquella Cátedra de Constitución fue donde el padre Varela proclamó por primera vez en Cuba el carácter inalienable y sagrado de los derechos humanos. Allí fue donde defendió con claridad y valentía el derecho de los pueblos a tener su libertad y a elegir sus propios gobernantes. Allí fue en fin donde sembró las ideas políticas que más tarde habrían de conducir inevitablemente a la lucha por la independencia de Cuba.

Varela solo pudo ejercer la cátedra por tres meses en 1821, porque fue electo poco después diputado a las Cortes de 1822, lo que demuestra el valor que el Pueblo daba a sus ideas. El 22 de diciembre del mismo año presentó en las Cortes de Madrid, con otras personalidades, una proposición pidiendo un gobierno económico y político para las provincias de ultramar. También presentó un proyecto (reproducido en la Revista Cubana en 1935) pidiendo el reconocimiento de la independencia de Hispanoamérica y escribió una Memoria que demostraba la necesidad de extinguir la esclavitud de los negros en la Isla de Cuba, atendiendo a los intereses de sus propietarios, que no llegó a presentar a las Cortes. Al ser reimplantado el absolutismo por el rey Fernando VII, tuvo que refugiarse en Gibraltar, pues fue condenado a muerte por sus ideas de avanzada.

El 17 de diciembre de ese año llegó a Estados Unidos, donde se vio obligado a vivir el resto de su vida. Primero en Filadelfia y después en Nueva York, publicó el periódico independentista El Habanero, que entraba subrepticiamente en Cuba. Redactó junto a José Antonio Saco, El Mensajero Semanal. En Nueva York publicó en 1830 el periódico The Protestand Abriger and Annotator, en el que defendía la fe católica frente a los ataques de los protestantes. Colaboró en El Revisor Político y Literario, Revista Bimestre Cubana y Recreo semanal del bello sexo.
Abrió varias escuelas para niños y desplegó una amplia labor religiosa, lo cual le ganó rápido prestigio. En 1837 fue nombrado vicario general de Nueva York. En 1841 el claustro de Teología del Seminario de Santa María de Baltimore le confirió el grado de Doctor de la Facultad. También publicó muchas obras. En colaboración con Justo Vélez escribió Máximas Morales y Sociales, Instrucciones sociales y morales para la juventud e Instrucciones morales y sociales para el uso de los niños. Con el seudónimo "Un paisano suyo" publicó la primera edición de las Poesías (Nueva York, 1929) de Manuel de Zequeira. Tradujo del inglés el Manual de práctica parlamentaria para uso del Senado de los Estados Unidos (Nueva York, Henrique Newton, 1826), y Elementos de Química Aplicada a la agricultura (Nueva York, Imp. De Juan Gray, 1826) de Humphrey Davy. Discursos suyos aparecieron en Revista de La Habana y El Kaleidoscopio.
Habiéndose resentido su salud desde 1846, se vio en la necesidad de viajar tres veces, en busca de mejor clima, a La Florida. Murió en San Agustín, Florida, Estados Unidos el 25 de febrero de 1853. Después de instaurada la República, sus restos fueron trasladados a La Habana, donde está enterrado en la Universidad.

Nota: Tomado de varias fuentes, incluyendo El Centro Félix Varela de La Habana.